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La soledad de la TRANSFORMACIÓN

Cómo se sienten los procesos de cambio cuando estamos creciendo,

 aunque por fuera todo parezca confuso.





Noto que hay fases bastante claras en los procesos de transformación o cambio de una persona.


Primero aparece la angustia por la repetición de situaciones desgastantes: la tristeza, el enojo y distintas emociones que comienzan a manifestarse. Llega un momento en que surge la necesidad de comprender por qué sucede lo que sucede.


En esa búsqueda de comprensión empieza un recorrido que, de a poco, comienza a revelar información.


Esa búsqueda puede darse a través de la lectura de ciertos libros, retiros, consultas de terapias alternativas, constelaciones, tarot, talleres, psicoterapia, entre otros caminos. A veces este recorrido puede verse como algo extraño desde afuera, porque se empiezan a hacer cosas nuevas, diferentes.


Pero hay un claro llamado interior a seguir buscando. Es como si se escuchara una voz interna que te llama y te invita a seguirla. Y así lo hacés.


Empezás esa búsqueda sin entender del todo, pero sintiendo que hay algo interno que querés comprender. Vas encontrando información diferente a la que estabas habituada a tener sobre vos misma.


Entonces comienza una nueva etapa: darte cuenta de que quien eras antes, los lugares que habitabas, las personas que te rodeaban y las cosas que hacías ya no te representan. Y se vuelve cada vez más difícil seguir estando ahí como si nada hubiera cambiado.


En este punto el camino vuelve a ponerse más duro. Aparece la soledad. La falta de resonancia con los viejos espacios se transforma en una sensación de aislamiento.


Las amistades y los entornos que te sostuvieron en el pasado crecieron en otra dirección. Y este proceso lleva a replantearse todo, incluso a tener que soltar viejos espacios y personas.

Esto no es sencillo.


Luego de este desierto, de esta soledad y de este camino arduo, comienza una tercera etapa. Una etapa donde entendés lo que cambió. Podés mirar tu propio crecimiento con mayor amabilidad y comprender por qué fue necesario salir de ciertos lugares.


Lentamente empieza a construirse una nueva piel. Una nueva narrativa. Una nueva forma de pensar y una nueva identidad.


Una identidad que puede quedarse con lo que sí funcionó de la etapa anterior, pero que también se vuelve más clara y segura respecto a qué personas, entornos y espacios ya no pueden seguir formando parte de tu vida.


El duelo puede ser grande y puede seguir estando presente. No es que cada etapa se cierra y desaparece cuando empieza la siguiente. Las etapas se mezclan.


Incluso en este tercer momento, cuando ya hay mayor comprensión, pueden aparecer vestigios del deseo de sostener la identidad pasada o los vínculos anteriores.


Pero al mismo tiempo empezás a ver con claridad cómo esos viejos espacios entorpecen tu evolución y tu crecimiento.


Y es ahí donde, al menos desde lo que observo, la identidad se vuelve más robusta. Te volvés más clara con vos misma y podés aceptar con mayor paz dejar ir personas, ideas y entornos que ya no nutren a tu nueva identidad.

 
 
 

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